Se trata de un libro científico al nivel de bachiller. El conocimiento equivocado no da para más.
La ciencia parte de nuestro desconocimiento del universo y trata de despertar inquietudes.
No se trata de imponer dogmas.
Por eso un libro científico es necesariamente breve.
Este manuscrito despierta curiosidades y aporta métodos para desarrollarlas.
En el epígrafe 8.4 va a encontrar la llave del bloqueo que impide el progreso de la ciencia.
Pero la decisión será siempre individual. Veamos unos ejemplos:

Un juez puede determinar si con los epígrafes anteriores sería posible dictar sentencia acerca de la validez del epígrafe 8.4.
Un abogado podría evaluar la decisión que tomaría un jurado en relación con el bloqueo de la ciencia.
Un político podría evaluar si está siendo manipulado por no disponer de información que conocen Trump y Carlos III.
Un economista podría estimar que ese epígrafe cambia el sistema económico. A estos últimos se les propone un sistema monetario nuevo para que puedan investigar.
Un estudiante de bachiller puede decidir si estudia una carrera o a partir de su búsqueda elige otra.
Un sacerdote, va a comprender que la necesidad de ver la llama ha condicionado la ciencia y recordará la frase del evangelio de San Juan: «Dichosos los que crean sin haber visto.»
Un periodista va a disponer de un sólido conocimiento científico de dos páginas. Tan sólido como el principio de Arquímedes, de dos líneas. Y va a saber que los científicos actuales… bueno, están despistados.
Un científico o un ingeniero van a descubrir que disponen en las oficinas de patentes europeas conocimiento acumulado que quedó relegado al olvido porque los inventores fueron condenados a quedar sin retribución y esto supone que en Europa hay más conocimiento guardado del que disponen China y Estados Unidos.